En esta ponencia Verónica Marcos, de la Fundación FADEMUR (Federación de Asociaciones Mujeres Rurales) nos habla de las adicciones entre las mujeres en el entorno rural, especialmente en Galicia, y de las dificultades que pueden encontrar a diferencia de las mujeres en ámbitos más urbanos.

En primer lugar nos expone cuál es el contexto dentro del mundo rural. Según nos cuenta Verónica, el ámbito rural está vinculado a conceptos más negativos como el retraso socio-económico, escasos servicios de salud y educación, falta de oferta socio-cultural o la falta de conexión a internet. Además, este contexto rural penaliza doblemente a las mujeres por el hecho de habitar en el, es decir, por ser mujeres y por ser rurales.

Nos explica Verónica que en Galicia el 87% del territorio es rural, lo que hace que las condiciones de vida en general no sean las mismas. Hay un gran número de pequeños municipios que son mantenidos principalmente por su población y entre los que se percibe poca voluntad por parte de las administraciones en su mantenimiento. Algo más del 50% de las mujeres gallegas viven en entornos rurales, unos entornos que se caracterizan por tres aspectos principalmente: el envejecimiento de su población, lo que implica un mayor grado de dependencia y de cuidados que recaen en las mujeres como norma general; la masculinización de esa población por la salida de las mujeres del mundo rural y por la falta de oferta laboral (en 2022 el 99% trabajaba en dependencia con contratos precarios) y social; y la falta de recursos (sociosanitarios, especializados, etc.).

También las mujeres del ámbito rural se ven discriminadas por la PAC (Política Agraria Común), ya que de media perciben el 40% menos que los hombres, así como el 25% menos en las ayudas al desenvolvimiento. Esto se produce porque solo el 1,3% de las mujeres suelen ser propietarias, y lo son de terrenos más pequeños, aunque estos también sean más sostenibles. No se contemplan medidas para la incorporación de la
mujer en estas explotaciones ganaderas, ni siquiera tras la aprobación de la ley de titularidad compartida (en 2022 solo había 26 en esa condición en Galicia, y 731 en toda España). Puede que esto también se derive de la falta de interés en difundir esta normativa. Todo estos aspectos derivan en la falta de visibilidad de las mujeres rurales. Situación que se ve agravada por las dinámicas sociales que las educan para cuidar, y que ejercen una mayor presión social.

El hecho de que el alcohol esté tan aceptado socialmente, hace que su consumo sea el mayor problema de adicción entre las mujeres rurales de Galicia. A esto se le suma que los centros de rehabilitación suelen estar lejos y no cuentan con una red de transportes que facilite llegar a ellos.

Nos cuenta Verónica que, todo lo expuesto hasta ahora, deriva en que las mujeres rurales no tengan prácticamente un ámbito privado más que el doméstico, lo que hace que estén más solas. Además de que los trabajos y los roles están muy definidos según el género y del estigma que las rodea, tras una encuesta en 2022 se vio que el 80% de las mujeres del mundo rural conocían de primera mano algún caso de violencia machista, y que el 72% de estas mujeres residían en municipios de menos de 5000 habitantes. Esto, puede incidir directamente en las adicciones que se dan entre estas mujeres.

A su favor, nos dice, que sí hay más solidaridad que en el ámbito urbano, y que hay más proyectos de emprendimiento entre estas mujeres (54%) que entre las urbanas (30%). Estos proyectos además perviven más en el tiempo, a pesar de las dificultades por restricciones, acceso, red de internet, saneamientos y falta de infraestructura, y son los que hacen que los pueblos pervivan. Sin embargo, una mayor implicación de la administración facilitaría el que se mantuvieran en los pueblos.

Al final, el feminismo rural facilita la vida de las mujeres en ese ámbito, y está directamente relacionado con el futuro rural por lo que implica de mantenimiento de montes y explotaciones ganaderas.